martes, 28 de abril de 2009

Hojas blancas


" Llevo el bolso lleno de hojas blancas donde dejar nacer las palabras que a borbotones querría decirte mi garganta. No es pena sino rabia saber que esta noche no te hago de almohada... El sudor se transformaba en pintura sobre nuestras pieles blancas. "


Busco la noche y acelero mi día nervioso, ansioso, atacao. Salgo a la calle y de recordarte me estoy poniendo malo. Hace calor y voy bajando, no sé si me estás esperando. Tengo legiones de cienpiés corriendo por encima del ombligo, a un lado y a otro... ¡me están asustando! La culpa la tienen unos ojos verdes que desde el fondo de la barra me están llamando.

Y me arden las entrañas, y la cabeza no me deja dibujar otra estampa que la de tu cuerpo dando vueltas en mi cama, un recuerdo atornillado de tus brazos enlazados. Quiero ser la otra mitad de tus besos, llevarte en mi cama errante gris. Quiero ser la otra mitad de tu cuerpo hasta que el lucero nos mande dormir.

Me embriaga tu figura de alfil, la cadena comienza a mentir si no puedo estar junto a ti.Amanecen con sonrisas radiantes que van guardando en su propia alcancía. Escribo en vitelas mis letanías que cantan madrugadas, jadeantes.

Coplas, puño y letras principiantes, versos presos reclaman amnistía, quieren ser arte y no voces baldías, el viento es cómplice de estos amantes. Vuelvo a casa sin tu compañía,andrajoso, rastroso, derrotao. Mato a palos sin recuperame el silencio de mi cuarto. Siento frío casi llorando, no sé qué está pasando.

Tengo legiones de escorpiones envenenando cada trozo de mi ser, a un lado y a otro... me están devorando. La culpa la tienen los mismos ojos que entre la noche y la mañana a otra boca se entregaron...

Y me arden las entrañas y la cabeza no me deja dibujar otra estampa que la de tu cuerpo dando vueltas en mi cama. Un recuerdo atornillado de tus brazos enlazados. Quiero ser la otra mitad de tus besos y llevarte en mi cama errante gris. Quiero ser la otra mitad de tu cuerpo hasta que el lucero nos mande dormir.

" Llevo el bolso lleno de hojas blancas donde inventar los revolcones que nos faltan... "


Fragmento del soneto "Amores de verano" de Paco Mena.
Canción de AmenosKuarto, "Hojas blancas".

lunes, 6 de abril de 2009

La historia de un amor

Son varias las cositas que se echan de menos cuando no se tiene pareja. Lo primero, es ese cosquilleo que te entra en la barriga, esa sensación de vértigo cuando ves a la persona que te gusta. Y la cara de tonta que se te queda cada vez que te saluda, que se sienta a tu lado, ese calambre que sientes en la nuca y que te va recorriendo toda la espina dorsal cuando sus manos rozan sin querer las tuyas.

Esa risa nerviosa tuya cuando él hace alguna gracia, esos suspiros cuando al pasar por detrás de ti en la discoteca sus manos se adaptan a tu cintura para moverte un poco y hacerse hueco a tu lado. El sonrojo de tus mejillas cuando en la disco ponen una canción lenta y crees, o más bien deseas que él te esté mirando. Las miradas que os cruzáis cuando te coge de las manos para bailar.

La ilusión de saber que ha hablado a sus amigos de ti. Los esfuerzos que hace por entablar conversación contigo y averiguar tus gustos, tus intereses y opiniones, tu pasatiempo o comida favorita. Su risa cuando le cuentas una anécdota divertida. Su interés por ti cuando os juntáis todos de fiesta, que al principio piensas que es fruto de tu imaginación pero que luego tu mejor amiga te convence de que es cierto.

Pero aún se echan más de menos los detalles de la persona que te gusta hacia ti, esos que te hacen darte cuenta de que eres correspondida, esas cositas que luego recuerdas tirada en la cama y abrazada a la almohada, que analizas desde cada punto de vista. Esos momentos que te hacen desear que el tiempo se pare.

Cuando le pillas mirándote y en vez de apartar la vista te sonríe. Cuando te choca la mano y sus manos se demoran sobre las tuyas un segundo antes de retirarlas suavemente. Cuando le picas y te responde guiñándote un ojo, sacándote la lengua. Cuando salís todos juntos y él busca tu compañía ya sin ningún disimulo.

Cuando os tumbáis todos a la bartola en un parque y él apoya su cabeza en tu tripa. Cuando aprovecha cualquier excusa para tocarte el pelo. Cuando te mira fijamente a los ojos mientras le hablas. Cuando te coge de la mano para salir de un bar abarrotado. Cuando sobran las palabras. Cuando sientes escalofríos cada vez que te toca.

Cuando el caminar a su lado es suficiente y no hay que rellenar cada silencio con palabras. Cuando cada canción que escuchas te recuerda a un momento vivido juntos, o te hace soñar con él. Cuando os acercáis a la barra a pedir y él se apoya manteniéndose detrás de ti rodeándote con un brazo a cada lado y te habla al oído.

Cuando te tiembla el pulso al ver que se conecta. Cuando se preocupa por ti, por qué vas a hacer esta noche y por si luego os vais a ver. Cuando según entras en el bar deja todo para venir a saludarte. Cuando los dos besos del saludo se acercan peligrosamente a los labios. Cuando una sonrisa tuya le infunde ánimos para continuar.

Cuando pasáis la noche riendo y suspirando. Cuando desde lejos no paráis de echaros miraditas, y juntos cada vez habláis más cerca. Cuando acabáis en un rincón del bar absortos en una larga conversación. Cuando no hay más sillas y él te ofrece su pierna como asiento. Cuando de madrugada, ya cansada, acabas apoyando tu cabeza en su hombro.

Cuando te rodea la cintura con el brazo. Cuando se entretiene en hacer dibujos en tu espalda con el dedo. Cuando disimuladamente te va abrazando con más y más fuerza. Cuando de pronto te hace cosquillas y espera que reacciones dándote la vuelta. Cuando aprovecha el momento para seguir haciéndote rabiar y acercarse un poco más.

Cuando tras una mirada el resto ocurre a cámara lenta. Él recorre una vez más tu espalda con el dedo provocándote un escalofrío. Te atrae hacia él, y tú agachas lentamente la cabeza de manera que vuestros ojos queden a la misma altura. Le haces una pregunta estúpida, típico ¿te peso mucho?, probablemente por los nervios. Te sonríe.

El resto estará siempre algo borroso. Él dijo, tú te reíste, él se acercó, tú sonreíste, él te acarició la mejilla, tú suspiraste, cerrasteis los ojos y os dejasteis llevar por fin por el más secreto de los deseos, ese que todos vuestros amigos ya conocían porque no habéis parado de darles la paliza sobre ello desde que os conocisteis…

Desde entonces cada perdida, cada llamada, cada mensaje será especial. Cada café, cada cine, cada paseo será mágico. Cada noche, cada caricia, cada beso será único. Y su voz y sus miradas se te grabarán en la mente. Cada cita, cada plan de tarde juntos te hará pasarte dos horas preparándote para estar perfecta.

Con el tiempo os iréis sintiendo cada vez más cómodos en compañía del otro. Tendréis vuestros chistes propios y cogeréis confianza. Un día por el casco algún chulito se pasará de listo, pero él estará ahí para protegerte. Otro día te llevará a un lugar apartado y te sentará sobre su regazo para ver juntos un atardecer, y más tarde las estrellas.

Y te susurrará palabras preciosas al oído, te dedicará cada canción bonita que te guste, te regalará una rosa en un día cualquiera, sólo porque sí, para agradecerte lo feliz que se siente cuando está a tu lado. Y te abrazará como si fueses el único tesoro en el mundo. Y te cuidará como si fueses la más frágil de las flores.

Y cierto día, de repente, sin motivo aparente alguno se mostrará distante contigo. No te besará apasionadamente en cuanto llegues ni te abrazará fuerte hasta que te sienta tan cerca que no se sepa dónde empiezas tú y acaba él. Simplemente te verá llegar y agachará la cabeza serio y pensativo. Con el corazón en un puño le preguntarás que qué le pasa.

Y te responderá, tomándote de la mano y mirándote fijamente a los ojos, con los suyos más brillantes que nunca, que hace ya varios días que le da vueltas a una pregunta, a algo que llevaba queriendo decirte desde casi la primera vez que te vio sonreír: “Ahora que te conozco mejor ya puedo afirmar que tú eres la persona perfecta para mí y que te quiero”.

Y en ese mismo instante se desvanecerán todos tus miedos, se disiparán todas tus dudas, las mariposas del estómago se te revolucionarán como nunca y te arrojarás a su cuello apretándole con fuerza y susurrándole al oído mientras enredas tus manos en su pelo que llevabas siglos soñando con ese preciso instante…