miércoles, 10 de junio de 2009

Un día cualquiera.

Esta mañana me ha costado levantarme, es que a mí eso de dormir poco… Pero me he puesto la camisa nueva y los zapatos de tacón, me he pintado un poco la raya y he pasado de dominar los rizos. He salido de casa, y en la puerta del portal he ensayado una sonrisa. La situación me ha divertido tanto que al salir a la calle aún la llevaba puesta. Un niño me la ha devuelto. El día no podía empezar mejor.

He perdido el autobús pero bueno, entra dentro de lo común. He ido dando un paseo rápido hasta la parada de Wellington. Me he encontrado con una amiga a la que hacía mil que no veía. Pobre, estaba de exámenes, vaya carita que traía… He seguido adelante y me he sentado en la parada. Por la acera de enfrente iba un señor todo ufano con su boina nueva... ¡Maldito golpe de aire que se la ha tirado para atrás! Vaya carrera le ha hecho dar.

Y qué majo el señor del registro civil, ¡cómo me ha colado! Menos mal, porque si no… adiós England. El del banco no ha sido tan amable, yo creo que estaba cansado. Me he vuelto a cruzar con el mismo chico del registro. ¿Y la cola que había enfrente del torero? Paso, la tarjeta ya me la haré mañana. De momento, con haber cambiado la foto del DNI me basta y me sobra. ¡Por fin podré enseñarlo sin vergüenza!

Y luego he estado en el piso nuevo, es precioso, sencillo pero bonito. Y el color de mi cuarto es genial, ¡divino! Me encanta. He llegado a casa muertita por los tacones, pero contenta. He comido tranquilamente, y aunque haya visto en el tuenti fotos que no quería ver, me da igual. Estoy siguiendo mi plan a rajatabla, y pronto lo habré olvidado todo.

¡Hasta los acordes de mi guitarra suenan alegres! Y eso que me he limitado a improvisar, parece buena señal. ¡Y esta tarde más y mejor! Entre el perfume que desprende mi bolso y la perspectiva del viernes, todo marcha bien. Menos el hecho de que hayan quitado ese quiosco...

miércoles, 3 de junio de 2009

Anoche murió un ángel.

(( Un adiós a tiempo nunca es sencillo, pero una retirada a tiempo vale más que mil pesares, más que sufrir y pasarlo mal, y encima joder a la otra persona… ))

Anoche no fui consciente de haber apagado el ordenador, ni de haberme lavado los dientes, ni de apagar las luces. Anoche, sin saber cómo, aparecí con el pijama puesto metida en la cama. Anoche rogué con todas mis fuerzas al sueño que me invadiera de golpe para que no pudiese pensar. Anoche tuve que abrazarme el pecho por miedo a que saltara en mil pedazos…

Anoche tomé una decisión, y este texto no es sino un contrato explícito de todo cuanto he prometido. Se acabó. Anoche lloré por última vez, pero hoy mis ojos están secos. Lloré hasta quedarme vacía, creía que aquello no se iba a acabar nunca, me quedé exhausta…

Miles de recuerdos acudían a mi mente. Los primerísimos, los siguientes, el periodo bueno y el malo. Miles de imágenes se agolpaban sin ton ni son en mi cabeza, y el esfuerzo de intentar apartarlas me dificultaba la respiración. Sujetándome con ambos brazos el pecho para no explotar, sentí casi vértigo del torbellino de momentos que mi maldita memoria tuvo a bien reproducir anoche.

Pero todo eso, los momentos, las imágenes, las frases, las promesas, los piques, los enfados, las risas, las bromas, los recuerdos, los abrazos… todo eso yace ahora almacenado en un rinconcito de una caja de cartón, con un león, una rosa, unas setas y un rinoceronte. También hay un jarrón y una postal. Todo recogido en una caja.

Ahora sólo me queda una cosa por hacer. Sobre la mesa me espera una cajita. Una cajita pequeña, del tamaño de la palma de mi mano y de madera clarita, con forma de baúl. Me tiemblan las manos, es muy duro. Cojo la cajita y la agito. Suena. Un débil tintineo me hace estremecer. Por un momento dudo, pero acabo abriéndola. Craso error. Dentro hay una pulsera reparada, adornada con siete pequeños dijes, uno por cada mes.

Sostengo la cajita abierta delante de mí pero no me atrevo a tocar lo que hay dentro. Ahí está seguro. Dos o tres lágrimas se cuelan en la cajita, mezclándose con los besos y abrazos que quedaban en el fondo. Con cuidado, la cierro. Deposito un último beso sobre la tapa, apenas un roce de labios, y meto esa cajita junto a los demás recuerdos. Cierro la caja y los ojos. Se acabó todo, lo prometo.

Anoche la luna dejó de brillar y las estrellas se entristecieron. Anoche, sobre las 4 de la madrugada, algo cambió. Anoche murió mi ángel de amor.

http://www.youtube.com/watch?v=20YDYHNyZl4