Las chicas… hormonamos con la regla. Es un hecho reconocido ante notario. Lo que no es cierto es el tópico ese que circula por ahí de que nos ponemos de mala leche. A mí personalmente, la mala ostia me entra antes. A escasos días de que se produzca ese fenómeno llamado período mejor que se me deje tranquilita, no me pregunten por qué.
Pero una vez que llega… todo parece cambiar. Nos volvemos hiperactivas, nos da por ordenar la habitación, el armario, los cajones, por hacer una criba de las chorradicas que tenemos en la encimera, hacemos un repaso de todo el mes, de lo que ha ido bien, lo que ha ido mal, lo que nos gustaría haber hecho en momentos concretos y lo que nos queda por hacer, todo… Y suspiramos más que de costumbre.
Nos ponemos cariñosas, quedamos más con las amigas para cotillear, las agarramos del brazo, arreglamos el cuello de la camisa a los amigos, nos interesamos por su vida, por cada detalle, actuamos con los niños en plan aún más maternal, nos armamos de paciencia… Y tenemos la lagrimilla fácil, andamos como a falta de cariño. Nos da por dar besos a todo el mundo, nos encanta que nos abracen, vemos la vida de color de rosa y nos maquillamos aunque sea para dar una vuelta por el barrio…
Aunque bueno, tampoco generalicemos. Eso es lo que me pasa a mí, pero estoy segura de que muchas otras chicas se sienten identificadas. Es como si viésemos la realidad desde otra perspectiva. Nos preocupamos más por los problemas, nos alegramos más por los logros de nuestros amigos… exteriorizamos muchísimo más las emociones.
Como veis, la regla tiene sus cosas buenas, una vez que los ovarios dejan de tocarte los… ovarios.
(=
