Acomodada a duras penas en el sofá bajo el peso de una gata naranja que últimamente no me deja ni a sol ni a sombra, con una mattina de Ludovico de fondo acompañando el suave ronroneo que me acuna las entrañas, qué mejor momento para ponerse a escribir.
Aquí estoy, de nuevo, un año más. Otro año de silencio, mendigando los escasos minutos que dura la lectura de estas palabras. Pero no lo hago por ti, la fecha es sólo es una excusa. Hace tiempo que estipulamos en un acuerdo tácito que existen dos mundos de ninguna manera convergentes. Ni existes, ni exististe ni existirás.
Sin embargo, deja que me deleite; deja que siga usando tu recuerdo de vez en cuando para inspirarme; deja que fluyan mis desvaríos por el teclado y, sobre todo, déjame felicitarte un año más. Por ti, por todo.
Y aunque sé que ya no existes tengo algo para ti, un detalle, por si un día quisieras recorrer el río que divide estos dos mundos y compartir el tiempo de un café. Que digo yo, que la barca ya la tienes, y el Estig.. estima, también.
Así que la pelota está en tu tejado, tú que tanto entrenas sabrás qué hacer. Mientras tanto, feliz día, feliz cumpleaños, felices sueños... y que mi luz te acompañe.
¡Buenas noches!
