lunes, 9 de noviembre de 2015

Quejarse es gratis.

Pero cómo me regodeo. Me deleito, ¡me encanta! Me lo paso pipa. Cuán fácil es hacer creer a la gente que tiene razón cuando, con sutil prosa, les haces pensar exactamente como tú, osease, todo lo contrario.

¿Qué culpa tendrá un humilde chófer de autocar, explotado como pocos, de que el ayuntamiento de Laudio no haya cambiado desde hace años los carteles con los horarios? Pues ea, que tras varios minutos en el autobús la buena mujer sigue en sus trece.

Vaya pollo le ha montado al llegar a la ciudad, buenamente, por su ladito de la acera el pobre..  y vaya pollo ha montado a la vuelta, al recogernos, ¡pero esta vez a su favor! En ese breve intervalo en el que da la vuelta, se ha obrado la magia.

Se va a cag** mañana el señor ayuntamiento, pero literal: he despertado a la bestia.

¡Es que me mondo!

domingo, 16 de agosto de 2015

El despertar

Estoy aquí. Cuánto tiempo ha pasado, ¿mucho?, ¿poco? Comparado con el camino ya recorrido, apenas es nada. Sin embargo, cuánto hemos cambiado...
Qué difícil se me hace, ¡qué raro es esto! Tantas cosas que decir y mis manos sólo tiemblan. Apuesto a que, de algún modo, me entiendes. Me ha costado mucho encontrarte, encontrarme...
Como quien despierta de un sueño letargo, como quien oye un gallo cantar. Como una flor en el camino, un mensaje en una botella, un lago escondido. Como un saludo por la radio, o un banco en la estación de tren. Como un volcán que despierta, un río que rebosa o saltar al vacío desde un puente.
Como soplar un abuelillo.
Como meter un triple e iniciar la remontada. Como escalar una montaña, o meter un ladrillo caliente en la cama del pueblo en invierno. Como un regalo de cumpleaños, una visita inesperada, un bebé que cierre su puñito alrededor de tu meñique. Como la ilusión de los primos pequeños. Como la magia de una queimada, o del primer beso. Como lo sobrecogedoramente bello del Acrópolis, o la fuerza de un mar embravecido. Como la emoción de una canción bien escogida.
Como un dragón que despertara.
Así me siento.
Que jamás te falte el aire y la felicidad te sacie, y ojalá tropieces una y mil veces, pues de los errores nacen cosas hermosas como ésta. Aquí seguimos, contra todo pronóstico. Jamás pensé que lo fuera a necesitar. Yo, que me las daba de independiente... Maldita sea. Nunca creí que lo que empezó siendo un juego de niños trascendiera de tal manera y magnitud.
A partir de ahora, soy nueva en esto. Ayúdame a forjar el camino.
Y que mi luz te  acompañe...

martes, 10 de febrero de 2015

Un nueve de febrero

Son grupos como Noir Désir los que fabrican melodías que se sincronizan, se entrelazan, como sentimientos encontrados que a veces se permite una dejar aflorar por un momento.
Han pasado mil años y se resume todo en dos segundos, la breve pausa entre dos frases, una sonrisa, una anécdota, una mirada de soslayo. Es reconfortante, como cuando te pierdes y te hallas de pronto en medio de un claro de bosque; despejado, protegido, y arropado por el murmullo de las ramas que acunan sus hojas al viento. Y no hace frío, y ya no llueve. Cae la máscara y sale el sol.
Como cuando dos ríos se desbordan y sus cauces, por un breve lapso de tiempo, entran en contacto el uno con el otro. Apenas una metáfora. Ni se mezclan sus aguas ni los peces se confunden de camino. Se abre la puerta de la calle, y el frío invernal hace bajar el caudal: cada uno discurre de nuevo por su sendero... Un laberinto de callejuelas reconducen mis pensamientos.

Esta mañana, estaba yo en el parque tranquilamente tirándole piñas a Gus cuando se me ha acercado un chaval. En su cara se veía que tenía algún tipo de discapacidad.
-¡Hola! ¿Te gustan los perros? A mí también.
-Ah, ¿sí? ¿Los grandes o los pequeños?
-Los pequeños... ¿quieres hablar conmigo de algo?
-¡Claro! ¿De qué quieres hablar?
-Pues... no lo sé, ¡de lo que tú quieras!
-Vale, ¿de perros? ¿Tienes uno?
-¡Sí! Es blanco y negro, ¿cómo te llamas? Yo me llamo Dani.
-Yo me llamo Lidia, encantada. (Me da la mano)
-¡Dame dos besos! (Me los da, vuelve a cogerme la mano) ¿Me das la mano?
-Claro, Dani, pero tengo que ir a donde está el perro para que no retoce en la nieve, porque tiene una herida y se puede hacer daño.
-¡Vale! Bueno... ¡hasta luego!
Y se ha ido. Tal y como ha llegado, ha desaparecido. Ha sido un momento curioso, como tantos otros que me están ocurriendo últimamente y que ésta apretada agenda de adulta no me deja tiempo de relatar.

Termino ya esta entrada, tengo que seguir preparando mi clase... ¡gracias!