No sé qué tendrá el viajar de noche, pero me encanta. En un día duro como el de hoy, de doce horas y doce minutos de instituto, de alarma a las 5h30, 5 clases y 3 reuniones... no sé qué tendrá la vuelta a casa de noche pero me encanta.
Vuelvo con la perspectiva de un entrenamiento, y con la sorpresa de que has pasado el día rondando mis pensamientos. Espectador pasivo, paseando distraído entre las ideas que se me agolpan en el cerebro. Preguntas tipo... ¿sabrá cantar? ¿Tararear, al menos? Todo esto, entre papeleo, correcciones y ridículas evaluaciones con decimales.
No sé qué ha tenido el día de hoy, o qué detalle ha desatado el click en mi cabeza, pero en la durilla jornada de hoy has estado a mi lado.
Y ahora que voy sentada en el bus, que cuando miro hacia afuera apenas veo a un metro de mi ventana, que la lluvia difumina las luces de los coches que vienen de frente... de repente echo de menos tu voz.
Seguiré, poquito a poco, tranquilamente, con la ardua tarea de ser adulta, despacito y buena letra. Y, de vez en cuando, en los rincones, echaré la vista atrás por si algún día quisieras volver.
https://g.co/kgs/1kPXMy
martes, 22 de noviembre de 2016
miércoles, 31 de agosto de 2016
Allí estaba.
Allí estaba. Cuán curiosa es la vida, que siempre resulta más sencilla la ida que la vuelta, el candar que el descandar, el vivir que el recordar; el reír.
Allí estaba. Al doblar la esquina, a lo lejos, cabizbajo. Y sonríes: intrincada orgía de sensaciones, pero ni rastro de duda, rencor o resentimiento.
Allí estaba, sí; o al menos, parecía. Con más primaveras, y unos ojos oscuros que se clavan, que te dejan sin aliento, como los de los cocodrilos. Con una sonrisa medio torcida que provoca un torrente de palabrería banal; por si acaso.
Allí estaba, qué cosas. La verdad, no lo esperaba. La verdad, no me lo pensé; la verdad, ¡qué nervios! ¿La verdad? ¡Qué hambre! Necesitaba algo así.
Allí estaba, un déjà vu, una estrella fugaz, un visto y no visto. Un concentrado de magia en lo que dura una peli, un partido, una clase. Una clase magistral.
Pero allí estaba, y apreté los pedales consciente de que, sin duda, en cualquier momento podía, efímero, desvanecerse entre las sombras una vez más.
https://m.youtube.com/watch?v=K95SOj0kH34
https://m.youtube.com/watch?v=K95SOj0kH34
lunes, 22 de febrero de 2016
Treinta y uno.
Con Morfeo ya mullendo mi almohada, no quería terminar este día tan bonito sin dedicar un humilde pero sincero homenaje a una personita muy especial que últimamente está más presente que nunca en ciertos terrenos recientemente desempolvados.
Superada la treintena, no es sino con orgullo que vislumbro entre las recónditas rendijas de la red los logros que cada día vas cargando en tu mochila, esa que te guía y te acompaña allá a donde vas. Por cada año y cada uno de ellos, brindo por otro más.
Te pienso feliz, te veo bien. Del fuego que un día hubo ya no quedan sino cenizas que, todavía, cuando en la noche más sombría me acurruco entre dos sueños, alcanzan a calentarme un poco y, por un momento, su leve fulgor ilumina mi sonrisa.
Los recuerdos ya no pesan, de verdad, son livianos; como un péndulo hecho de helio. Son recuerdos que mi selectiva memoria guarda en una preciosa cajita con forma de balón que un día se atascó en algún tejado, y cuya imagen no hace sino avivar mi deseo de escribir.
Espero que todo tú, mercurio, azufre y sal, sigas sorprendiéndome cada día a tu manera, sin prisa, sin pausa; sin arrepentimiento.
Y que mi luz, avivada en este día para ser regalo de buenas noches, te acompañe.
viernes, 5 de febrero de 2016
Sólo podría decirlo así.
Aquí estoy. Sentada en el mismo bar, en la misma mesa, en la misma esquina, con la mirada perdida y posada en un asiento que ahora está vacío. Qué sensación más extraña, ya que esta misma noche la hemos pasado juntos. He abierto los ojos y la realidad me ha golpeado fría como el hielo. Ahora estoy sentada delante de un papel, con toda una semana de vacaciones por delante, y dudo si todo esto llegará algún día a ver la luz de la pantalla de mi ordenador.
No paro de darle vueltas. Un whatsapp con una imagen mía pasando por delante de un edificio, no logro recordar cuál es. Y un texto debajo: la próxima vez salúdame, ¿no? La verdad es que yo iba deprisa, como siempre, y sumida en mis pensamientos. En esos momentos ni veo, ni oigo, ni distingo ni reconozco. Me da rabia no haberte visto, pero el mensaje me ha hecho sonreír.
Pasa el tiempo y estoy en un bar, una fiesta, una reunión tal vez. No lo sé, pero hay mucha gente, jaleo y música. Te veo, estás de lado, me estoy acercando. Alargo el brazo para tocarte pero paso de largo y te rozo la espalda: tú ya te has girado sonriéndome. Desaparecemos entre la gente, cada uno por su lado.
De repente el ruido se atenúa y se mezcla con una canción que me aturde los sentidos. El ruido va desvaneciéndose y me concentro en la melodía, mi cuerpo ya no es dueño de sí mismo. Como si de la obra de un dj profesional se tratara, esa melodía se entrelaza en perfecta armonía con el sonido de una voz conocida. Te veo, sonrío. Un murmullo ininteligible preludia algo que no esperaba: alzas la vista directa a mis ojos y oigo mi nombre alto, claro, firme. Mi nombre. Cinco letras que parecen mezcladas casualmente en la conversación pero que van acompañadas de esa mirada indescriptible. Silencio absoluto en el que no para de retumbar tu voz en mi cabeza.
Hace al menos diez años que no he sentido semejante vuelco al corazón. Te has acercado, me has tomado de la mano y nadie parecía saber que estábamos allí, el mundo había vuelto a girar alrededor y el corazón parecía querer salírseme del pecho. Me has rozado la nuca con la otra mano y, de pronto, todo cuanto considero lógico y razonable se desvanece, y no habría deseado estar en ese momento en ningún otro lugar ni con ninguna otra persona. El resto se lo reservo a mi inconsciente, ya que no me deja recordar con claridad. Pero sé que durante el tiempo que dura un sueño, eras tú. Lo eras.
Y ahora me siento tonta porque sí, ya lo sé, tú no eres. No existes, no eres real; no estás. Y no comprendo por qué a veces me duele esta distancia, este silencio. Necesito saber que hay algo entre bastidores, invisible, como un ángel de la guarda que sólo con el recuerdo de su voz me reconforta. Tu olor... me cuesta recordarlo. Nota que te hablo a ti, sólo a ti, aún sabiendo que no hay nadie al otro lado.
Necesito que tu luz me acompañe.
https://www.youtube.com/watch?v=AYzz0Xln4ls
No paro de darle vueltas. Un whatsapp con una imagen mía pasando por delante de un edificio, no logro recordar cuál es. Y un texto debajo: la próxima vez salúdame, ¿no? La verdad es que yo iba deprisa, como siempre, y sumida en mis pensamientos. En esos momentos ni veo, ni oigo, ni distingo ni reconozco. Me da rabia no haberte visto, pero el mensaje me ha hecho sonreír.
Pasa el tiempo y estoy en un bar, una fiesta, una reunión tal vez. No lo sé, pero hay mucha gente, jaleo y música. Te veo, estás de lado, me estoy acercando. Alargo el brazo para tocarte pero paso de largo y te rozo la espalda: tú ya te has girado sonriéndome. Desaparecemos entre la gente, cada uno por su lado.
De repente el ruido se atenúa y se mezcla con una canción que me aturde los sentidos. El ruido va desvaneciéndose y me concentro en la melodía, mi cuerpo ya no es dueño de sí mismo. Como si de la obra de un dj profesional se tratara, esa melodía se entrelaza en perfecta armonía con el sonido de una voz conocida. Te veo, sonrío. Un murmullo ininteligible preludia algo que no esperaba: alzas la vista directa a mis ojos y oigo mi nombre alto, claro, firme. Mi nombre. Cinco letras que parecen mezcladas casualmente en la conversación pero que van acompañadas de esa mirada indescriptible. Silencio absoluto en el que no para de retumbar tu voz en mi cabeza.
Hace al menos diez años que no he sentido semejante vuelco al corazón. Te has acercado, me has tomado de la mano y nadie parecía saber que estábamos allí, el mundo había vuelto a girar alrededor y el corazón parecía querer salírseme del pecho. Me has rozado la nuca con la otra mano y, de pronto, todo cuanto considero lógico y razonable se desvanece, y no habría deseado estar en ese momento en ningún otro lugar ni con ninguna otra persona. El resto se lo reservo a mi inconsciente, ya que no me deja recordar con claridad. Pero sé que durante el tiempo que dura un sueño, eras tú. Lo eras.
Y ahora me siento tonta porque sí, ya lo sé, tú no eres. No existes, no eres real; no estás. Y no comprendo por qué a veces me duele esta distancia, este silencio. Necesito saber que hay algo entre bastidores, invisible, como un ángel de la guarda que sólo con el recuerdo de su voz me reconforta. Tu olor... me cuesta recordarlo. Nota que te hablo a ti, sólo a ti, aún sabiendo que no hay nadie al otro lado.
Necesito que tu luz me acompañe.
https://www.youtube.com/watch?v=AYzz0Xln4ls
miércoles, 3 de febrero de 2016
Cositas del subconsciente
-Y los patos resulta que eran piedras, y llovía, Pero eso fue ayer.
-Y la luz, Cenicienta?
-La luz, cenicienta.
Hay cositas que te dan vueltas en la cabeza durante toda la noche y no puedes evitar que queden grabadas.
Para todo lo demás, corazón de tango.
Doctor Deseo - Abrázame
https://g.co/kgs/7Cg0I
-Y la luz, Cenicienta?
-La luz, cenicienta.
Hay cositas que te dan vueltas en la cabeza durante toda la noche y no puedes evitar que queden grabadas.
Para todo lo demás, corazón de tango.
Doctor Deseo - Abrázame
https://g.co/kgs/7Cg0I
Suscribirse a:
Entradas (Atom)
