lunes, 16 de noviembre de 2009

love you...

~ Not a day goes but I don't think about you.
I pray to God to take care about you.
I always wonder how it would be
if you could have stayed here with me.
I long to see your sweet, beautiful, angelic face
and let you feel the warmness of my embrace.
I love you with all my heart and even though we're apart
know that you'll always be in my heart... ~

jueves, 15 de octubre de 2009

Just one wish.

If I could have just one wish,
I would wish to wake up every day
to the sound of your breath on my neck,
the warmth of your lips on my cheek,
the touch of your fingers on my skin,
and the feel of your heart beating with mine...
knowing that I could never find the feeling
with anyone other than you.

viernes, 25 de septiembre de 2009

Maldita, bendita casualidad.

Rabia... porque cada vez que empiezo a olvidarte el azar te cruza en mi camino. Y mi pregunta es, con qué fin ? A qué juega ? Qué esperas tú de mí o qué debo esperar de ti ? Si no haces más que intentar convencerme de que fuera de esta pantalla no existes... Acaso sólo te interesa el estímulo que ofrecen estos desvaríos ?
Entonces, por qué se te hace tan grato escucharme ? Qué acongoja tu alma y por qué mi visita, aunque esperada, te hace oscilar ? Por qué no tienes respuestas ?
Te prometo que no lo entiendo. Todo esto empezó como un juego, pero diste jaque a la realidad y ahora la ficción me hace recordar cosas que no debo. Jaque mate ? Ha llovido mucho desde entonces... pero tanto me marcó aquello ?
Pese a todo, fue interesante volver a verte, encontrarte allí. No hace falta que supliques, te ayudaré a llevarlos por el buen camino... si te portas bien.

miércoles, 23 de septiembre de 2009

Maldita casualidad.

Tan tentador... cómo resistirse ? Cómo desaprovechar esta oportunidad de dejar que fluyan los dedos por el teclado, y las palabras por la pantalla ? Ya me he cansado de esperar esos versos, acaso peco de impaciente ? Probablemente. Pero me temo que el contacto habrá de ser siempre así, fortuito... Maldita casualidad !
Me llegó un mensaje a mitad de la tarde con un cambio de planes... por qué no hice caso ? Por qué me quedé a presenciar esos catastróficos inicios y, ya que estaba, a cotillear la conversación de los de atrás ? Cada vez me fío más de los impulsos y arrebatos, de los sueños... Mi sexto sentido está que asusta !!
Cómo imaginar... nunca, de todos los que podrían haber sido... por qué precisamente... ?? Y cómo me latía el corazón !! Eso es normal ?? Tendré que mirármelo...
Cómo se hace borrón y cuenta nueva ?? Cómo correr un tupido velo, o estúpido, cómo pasar página y ya está ?? Indiferencia, cómo se hace ?? Dios... soy más tonta de lo que creía !! O creé vínculos más fuertes de lo que pensaba ?? Socorro...
Quiero dejar de especular, de imaginar que quizás... un día... sería posible... Al menos me queda el consuelo de que sólo a mí me falta encontrar respuesta a estas preguntas.
Tú que sabes, ayúdame.

jueves, 3 de septiembre de 2009

Mi chica.

Renunciar a esa bolita de pelo es una de las cosas más duras que me ha tocado hacer en la vida. Nunca tendría que haber ido a verla. Pero cuando la tienes ahí, en el suelo, mirándote curiosa... no puedes evitar agacharte. Craso error, se acercó a mí de inmediato. La acaricié, ¿cómo no iba a hacerlo? Y me lamió la mano. Creo que se me partió el corazón en ese mismo momento al saber que jamás volvería a verla, que jamás sería mía.
Y soñé, me pasé todo el camino de vuelta soñando. Y lo volví a ver viable, muy viable. Pero una vez más, como tantas veces de pequeña, se me negó el sueño de mi infancia y me explotaron la burbuja. No sé si borrar la foto que le saqué con el móvil o guardarla como la excepción que confirma la regla de que la que la sigue, la consigue, o que quand on veut on peut.
No quiero volver a ver un perro en mi vida. No quiero volver a jugar ni un minuto con ninguno, o acariciarlo siquiera. Pero estoy segura de que cada vez que pase un retriever... me voy a echar a llorar.

martes, 1 de septiembre de 2009

Sueños.

Paseando por la red volví a encontrarme, sin saber cómo, en aquél terreno que antes solía frecuentar por ser una de las claves más fuertes de la inspiración. Y ese paraje conocido me devolvió la sonrisa con una imagen. Allí estaba, la segunda luna. Y en la esquina inferior derecha, un abrazo. "Se trata de un sueño, sin duda" pensé, "ya que por desgracia un gesto como ese no tiene ya cabida en la vida real". Y me puse a recordar lo tonta que fui años atrás. Y no podía dejar de sonreír...

Ya no aguardo respuesta alguna, ni texto de vuelta. Sé que llegará, pero no hoy, ni mañana, ni tal vez dentro de un par de meses. Ahora el tiempo es relativo. Sé que estás ahí, y que el silencio sólo significa falta de tiempo o, quizá, de interés. Así que seguiré mi camino, intrincadamente paralelo al tuyo aunque con diferentes atajos. Y sólo me pasaré por aquí cuando algo me diga que en tus sueños volviste a recordarme. Que ellos, no como tú, sí son de fiar...

domingo, 2 de agosto de 2009

La mariposa

Tiene la mariposa cuatro alas;
tú tienes cuatro versos voladores;
ella, al girar, resbala por las flores;
tú por los labios, al girar, resbalas.

(Salvador Rueda)

domingo, 12 de julio de 2009

Borboletas

Entré muy nerviosa en casa después de la aventura del perseguidor, sólo quería ver a Pam y narrarle mi aventura. La encontré nada más abrir la puerta, trasteando en aquella esquina, y me acerqué presurosa deshaciéndome en una meticulosa descripción de la conversación y los gestos del pesado ese. Sentía tal excitación que no veía nada más que la cara divertida de mi anfitriona, y aunque notaba que estaba gesticulando más de lo normal me daba igual.

Acabé la historia con voz aguda mientras me desataba las sandalias, y sólo entonces oí las risas y me di cuenta de que había más gente en la casa. En la esquina aparecieron dos chicos, uno alto y moreno y el otro más fuerte y de pelo muy corto. Tras la presentación y un formal apretón de manos, desaparecí escaleras arriba muerta de vergüenza.

Puse música en el cuarto y me tiré en la cama a leer una revista, ¿por qué estaba tan roja? Y además, ¡mira qué pelos! La brisa del mar me los había dejado a lo loco, ahora entendía que se hubiesen reído. Oía voces abajo. Salí al cuarto de baño, y al volver vi una maleta en la habitación de al lado. Mi corazón latía cada vez más fuerte. Al cabo de un rato oí ruidos en la escalera y vi una sombra cruzar el rellano y encerrarse en la habitación. Contábamos con un nuevo inquilino.

No volví a verle hasta la noche. Su amigo se había ido ya, y él estaba en el salón viendo la tele con Pam y John. Me hizo hueco en el sofá, todo un detalle por su parte. Pero tuvo que escribir mi nombre para recordarlo. Esa semana hablamos bastante. Con un café delante, en un parque, paseando por la playa… Eran conversaciones interesantes, aprendí mucho y me reí aún más. Me sentía… bien. Y el fin de semana salimos de fiesta.

Unas copas más tarde le convencí para ir a la pista de baile. No tuve que hacer mucho esfuerzo ya que sabía que vendría. Dejé la copa e intenté bailar pero estaba agarrotada. Me preguntó que qué me pasaba y le dije que me daba vergüenza. Me cogió de las manos, y la electricidad que corrió de un brazo a otro fue tan fuerte que podría haber alumbrado la calle y el pub en el que estábamos. Se acabó la canción pero empezó otra, y otra, y otra más…

Aquella noche me pidió permiso para entrar en mi cuarto, se tiró en la cama, pero se fue 5 minutos más tarde. Quizás fuese mejor así. La noche del sábado fue mejor, duró más y bailamos mucho. Hablamos durante toda la noche y volví a sentirme genial… Y al llegar a casa volvió a pedirme permiso. Hablamos, retrasó su hora de irse, nos tiramos en la cama, nos reímos, nos acercamos, sonrió y sonreí, después hubo un silencio…

No recuerdo la hora exacta ni el momento preciso en el que sucedió. Empezó con un abrazo para que me durmiese, siguió con un beso en el hombro, en el cuello, en la mejilla… pero todo muy dulce, muy despacio. Y entonces me besó. Pensaréis que la carne es débil, pero os aseguro que en ese beso hubo algo más. Hubo pasión, hubo encanto, hubo deseo y romanticismo. Y en la forma de abrazarme… no, aquello no fue un beso cualquiera, un beso más.

Esa noche se quedó conmigo. Y ahí empezó todo.

miércoles, 10 de junio de 2009

Un día cualquiera.

Esta mañana me ha costado levantarme, es que a mí eso de dormir poco… Pero me he puesto la camisa nueva y los zapatos de tacón, me he pintado un poco la raya y he pasado de dominar los rizos. He salido de casa, y en la puerta del portal he ensayado una sonrisa. La situación me ha divertido tanto que al salir a la calle aún la llevaba puesta. Un niño me la ha devuelto. El día no podía empezar mejor.

He perdido el autobús pero bueno, entra dentro de lo común. He ido dando un paseo rápido hasta la parada de Wellington. Me he encontrado con una amiga a la que hacía mil que no veía. Pobre, estaba de exámenes, vaya carita que traía… He seguido adelante y me he sentado en la parada. Por la acera de enfrente iba un señor todo ufano con su boina nueva... ¡Maldito golpe de aire que se la ha tirado para atrás! Vaya carrera le ha hecho dar.

Y qué majo el señor del registro civil, ¡cómo me ha colado! Menos mal, porque si no… adiós England. El del banco no ha sido tan amable, yo creo que estaba cansado. Me he vuelto a cruzar con el mismo chico del registro. ¿Y la cola que había enfrente del torero? Paso, la tarjeta ya me la haré mañana. De momento, con haber cambiado la foto del DNI me basta y me sobra. ¡Por fin podré enseñarlo sin vergüenza!

Y luego he estado en el piso nuevo, es precioso, sencillo pero bonito. Y el color de mi cuarto es genial, ¡divino! Me encanta. He llegado a casa muertita por los tacones, pero contenta. He comido tranquilamente, y aunque haya visto en el tuenti fotos que no quería ver, me da igual. Estoy siguiendo mi plan a rajatabla, y pronto lo habré olvidado todo.

¡Hasta los acordes de mi guitarra suenan alegres! Y eso que me he limitado a improvisar, parece buena señal. ¡Y esta tarde más y mejor! Entre el perfume que desprende mi bolso y la perspectiva del viernes, todo marcha bien. Menos el hecho de que hayan quitado ese quiosco...

miércoles, 3 de junio de 2009

Anoche murió un ángel.

(( Un adiós a tiempo nunca es sencillo, pero una retirada a tiempo vale más que mil pesares, más que sufrir y pasarlo mal, y encima joder a la otra persona… ))

Anoche no fui consciente de haber apagado el ordenador, ni de haberme lavado los dientes, ni de apagar las luces. Anoche, sin saber cómo, aparecí con el pijama puesto metida en la cama. Anoche rogué con todas mis fuerzas al sueño que me invadiera de golpe para que no pudiese pensar. Anoche tuve que abrazarme el pecho por miedo a que saltara en mil pedazos…

Anoche tomé una decisión, y este texto no es sino un contrato explícito de todo cuanto he prometido. Se acabó. Anoche lloré por última vez, pero hoy mis ojos están secos. Lloré hasta quedarme vacía, creía que aquello no se iba a acabar nunca, me quedé exhausta…

Miles de recuerdos acudían a mi mente. Los primerísimos, los siguientes, el periodo bueno y el malo. Miles de imágenes se agolpaban sin ton ni son en mi cabeza, y el esfuerzo de intentar apartarlas me dificultaba la respiración. Sujetándome con ambos brazos el pecho para no explotar, sentí casi vértigo del torbellino de momentos que mi maldita memoria tuvo a bien reproducir anoche.

Pero todo eso, los momentos, las imágenes, las frases, las promesas, los piques, los enfados, las risas, las bromas, los recuerdos, los abrazos… todo eso yace ahora almacenado en un rinconcito de una caja de cartón, con un león, una rosa, unas setas y un rinoceronte. También hay un jarrón y una postal. Todo recogido en una caja.

Ahora sólo me queda una cosa por hacer. Sobre la mesa me espera una cajita. Una cajita pequeña, del tamaño de la palma de mi mano y de madera clarita, con forma de baúl. Me tiemblan las manos, es muy duro. Cojo la cajita y la agito. Suena. Un débil tintineo me hace estremecer. Por un momento dudo, pero acabo abriéndola. Craso error. Dentro hay una pulsera reparada, adornada con siete pequeños dijes, uno por cada mes.

Sostengo la cajita abierta delante de mí pero no me atrevo a tocar lo que hay dentro. Ahí está seguro. Dos o tres lágrimas se cuelan en la cajita, mezclándose con los besos y abrazos que quedaban en el fondo. Con cuidado, la cierro. Deposito un último beso sobre la tapa, apenas un roce de labios, y meto esa cajita junto a los demás recuerdos. Cierro la caja y los ojos. Se acabó todo, lo prometo.

Anoche la luna dejó de brillar y las estrellas se entristecieron. Anoche, sobre las 4 de la madrugada, algo cambió. Anoche murió mi ángel de amor.

http://www.youtube.com/watch?v=20YDYHNyZl4

sábado, 30 de mayo de 2009

Ella

Dicen por ahí que un día se escapó de casa y corrió al bosque a esconderse. Dicen por ahí que una vez fingió un desmayo para librarse de las consecuencias. Dicen por ahí que le encanta meter la mano en el tarro del arroz. Dicen por ahí que disfruta peleándose con las olas. Dicen por ahí que cuando se despidió de su amor, hace muchos, muchísimos años, selló su corazón para siempre.

Dicen por ahí que hace tiempo que ha cambiado. Dicen por ahí que ya no es la misma de antes. Dicen por ahí que la vida se está cebando con ella. Dicen por ahí que su sonrisa está vacía, sus ojos llorosos y sus ojeras marcadas. Dicen por ahí que en ocasiones se abstrae de tal manera de este mundo que asusta. Dicen por ahí que al final aprendió a volar...

También dicen por ahí que es tonta. Algunos opinan que es demasiado inocente. Otros creen que su vida va de lujo. La mayoría apenas la conoce. Muchos la critican, y pocos evitan esas conversaciones. Muy pocos significan algo para ella. Muy, muy pocos tienen su confianza. Muy, muy, muy pocos consiguen leer esa pena tan profunda que se ha instalado en sus ojos. Pero le es indiferente, nunca hizo caso del qué dirán.

miércoles, 20 de mayo de 2009

Lo que son los niños.

El lunes pasado me subí en el autobús a eso de las seis de la tarde para ir a devolver unos libros a la biblioteca del campus. Me senté en los asientos traseros, en esos que están dos y dos enfrente. Me puse los cascos y dejé vagar la mente sobre cualquier tema banal, agradecida por disponer de unos minutos de viaje para desconectar un rato.

Al cabo de tres o cuatro paradas, se sentaron en los asientos de enfrente un niño y su abuela. El niño, muy decidido, había recorrido el pasillo del autobús con la cabeza bien alta sopesando las ventajas y desventajas de cada uno de los huecos libres en el autobús, hasta que decidió lanzarse a la ardua tarea de empujar el pañal encima del asiento que estaba enfrente de mí. No le resultó tarea fácil, pero tampoco dejó que nadie le ayudase. Tuvo uno de esos arranques de independencia propios de la edad, ya se sabe.

El niño, como todos los niños que van en autobús, en seguida se repantingó con las piernas bien derechas, el codo apoyado en la ventana y la mirada perdida en las miles de imágenes que pasaban como borrones a ambos lados del autobús en marcha. Yo pensé que aunque los ojos se le movían a una velocidad increíble en un exhaustivo chequeo del panorama, en realidad su atención no se fijaba en nada en concreto, pero me equivocaba.

Me fijé en su carita redonda, en sus ojazos claros bien abiertos, en su pelo rubito y corto y en los colores que daban vida a sus mejillas. Iba vestido con un chándal marrón y verde, y zapatillas blancas. Absorto en sus pensamientos, siempre me he preguntado qué pasa por la mente de los niños cuando van así, mirando por la ventana y con los labios medio moviéndose como si estuviesen contándole un cuento a alguien.

De repente se volvió y me miró fijamente. Después miró a su abuela, alrededor, al techo… pero todo muy despacio, como si volviese a la realidad. Algo en la calle le llamó la atención. Un policía estaba al lado de un coche con una pareja, y les pedía los papeles. El niño cosió a su abuela a preguntas, hasta caer en la trampa del ¿y por qué? ¿Y por qué? La abuela, llena de paciencia, acabó preguntándole al niño ¿y qué coche es ese? Y ahí fue cuando todos nos quedamos alucinados.

“Es un Ford -respondió, como si fuese lo más obvio del mundo- y ese un Citroën, y ese un…” No me acuerdo de la enumeración que soltó, el caso es que fue repasando con la vista la fila de coches aparcados y nos dejó a todos con la boca abierta con la demostración de lo puesto que estaba en el ámbito automovilístico… Una chica que se sentaba en un asiento cercano no pudo evitar el comentario de “¡flipa!”, y ahí ya no pude más y me empecé a reír. La verdad es que era como para haberlo grabado.

Pero lo que más gracia me hizo fue que, cuando acabó de nombrar marcas y vio que nos reíamos (a la abuela se le caía la baba, y nos explicaba la pasión del crío por los coches), tiró de la manga de su abuela para llamarle la atención, se puso de rodillas en el asiento para poder acercarse a su oído y haciendo cono con las manos para que nadie más lo oyese dijo: ¿Y esa por qué se ríe? Y ahí ya explotamos todos. Pero al pobre no veas la cara de incredulidad y asombro que se le quedó… Una ricura. Lástima que tuviese que bajarme tan pronto, con lo bien que me lo estaba pasando…

Me dijo adiós con la mano.

Cuando entré en el aulario todavía sonreía.

sábado, 2 de mayo de 2009

Camina sola.

Ella sabía que tarde o temprano esto iba a pasar. Lo sabía, y me lo dijo. Esa sensación de verle allí acompañando, absorto hasta tal punto de hacerle vacío… Una y mil veces se había preparado para aquella ocasión, pero aún así fue duro. Ni las típicas excusas podían justificar su cara de angustia. Después de todo, sí, quizás era verdad que sobraba. Y se fue.

Poco a poco, a lo largo del camino, empezó a ser consciente de que lo que se llevaba temiendo tanto tiempo cobraba más y más sentido. Tenía el corazón de hielo, un corazón helado. Ya jamás sentiría como antes. Ya no quería, nunca quiso y jamás podrá. De nuevo esa maldita coraza se había cerrado en banda. Y era duro…

El amor no estaba hecho para ella. Demasiados sentimentalismos, demasiadas veces se le había cerrado la boca del estómago como si le hubiesen pegado una patada, no estaba dispuesta a soportar nada más. De repente el término femme fatale le parecía hermoso… Y dolía, sí, dolía demasiado.

Y al llegar a casa, harta de todo, decidió que ya nada le afectaría jamás, que actuaría según le apeteciese sin pensar en consecuencias, que se iba a ganar a pulso que la llamaran egoísta… E intentó comer algo, para ver si la comida le hacía pasar ese nudo que se le había formado en la garganta y le impedía derramar amargas lágrimas…

martes, 28 de abril de 2009

Hojas blancas


" Llevo el bolso lleno de hojas blancas donde dejar nacer las palabras que a borbotones querría decirte mi garganta. No es pena sino rabia saber que esta noche no te hago de almohada... El sudor se transformaba en pintura sobre nuestras pieles blancas. "


Busco la noche y acelero mi día nervioso, ansioso, atacao. Salgo a la calle y de recordarte me estoy poniendo malo. Hace calor y voy bajando, no sé si me estás esperando. Tengo legiones de cienpiés corriendo por encima del ombligo, a un lado y a otro... ¡me están asustando! La culpa la tienen unos ojos verdes que desde el fondo de la barra me están llamando.

Y me arden las entrañas, y la cabeza no me deja dibujar otra estampa que la de tu cuerpo dando vueltas en mi cama, un recuerdo atornillado de tus brazos enlazados. Quiero ser la otra mitad de tus besos, llevarte en mi cama errante gris. Quiero ser la otra mitad de tu cuerpo hasta que el lucero nos mande dormir.

Me embriaga tu figura de alfil, la cadena comienza a mentir si no puedo estar junto a ti.Amanecen con sonrisas radiantes que van guardando en su propia alcancía. Escribo en vitelas mis letanías que cantan madrugadas, jadeantes.

Coplas, puño y letras principiantes, versos presos reclaman amnistía, quieren ser arte y no voces baldías, el viento es cómplice de estos amantes. Vuelvo a casa sin tu compañía,andrajoso, rastroso, derrotao. Mato a palos sin recuperame el silencio de mi cuarto. Siento frío casi llorando, no sé qué está pasando.

Tengo legiones de escorpiones envenenando cada trozo de mi ser, a un lado y a otro... me están devorando. La culpa la tienen los mismos ojos que entre la noche y la mañana a otra boca se entregaron...

Y me arden las entrañas y la cabeza no me deja dibujar otra estampa que la de tu cuerpo dando vueltas en mi cama. Un recuerdo atornillado de tus brazos enlazados. Quiero ser la otra mitad de tus besos y llevarte en mi cama errante gris. Quiero ser la otra mitad de tu cuerpo hasta que el lucero nos mande dormir.

" Llevo el bolso lleno de hojas blancas donde inventar los revolcones que nos faltan... "


Fragmento del soneto "Amores de verano" de Paco Mena.
Canción de AmenosKuarto, "Hojas blancas".

lunes, 6 de abril de 2009

La historia de un amor

Son varias las cositas que se echan de menos cuando no se tiene pareja. Lo primero, es ese cosquilleo que te entra en la barriga, esa sensación de vértigo cuando ves a la persona que te gusta. Y la cara de tonta que se te queda cada vez que te saluda, que se sienta a tu lado, ese calambre que sientes en la nuca y que te va recorriendo toda la espina dorsal cuando sus manos rozan sin querer las tuyas.

Esa risa nerviosa tuya cuando él hace alguna gracia, esos suspiros cuando al pasar por detrás de ti en la discoteca sus manos se adaptan a tu cintura para moverte un poco y hacerse hueco a tu lado. El sonrojo de tus mejillas cuando en la disco ponen una canción lenta y crees, o más bien deseas que él te esté mirando. Las miradas que os cruzáis cuando te coge de las manos para bailar.

La ilusión de saber que ha hablado a sus amigos de ti. Los esfuerzos que hace por entablar conversación contigo y averiguar tus gustos, tus intereses y opiniones, tu pasatiempo o comida favorita. Su risa cuando le cuentas una anécdota divertida. Su interés por ti cuando os juntáis todos de fiesta, que al principio piensas que es fruto de tu imaginación pero que luego tu mejor amiga te convence de que es cierto.

Pero aún se echan más de menos los detalles de la persona que te gusta hacia ti, esos que te hacen darte cuenta de que eres correspondida, esas cositas que luego recuerdas tirada en la cama y abrazada a la almohada, que analizas desde cada punto de vista. Esos momentos que te hacen desear que el tiempo se pare.

Cuando le pillas mirándote y en vez de apartar la vista te sonríe. Cuando te choca la mano y sus manos se demoran sobre las tuyas un segundo antes de retirarlas suavemente. Cuando le picas y te responde guiñándote un ojo, sacándote la lengua. Cuando salís todos juntos y él busca tu compañía ya sin ningún disimulo.

Cuando os tumbáis todos a la bartola en un parque y él apoya su cabeza en tu tripa. Cuando aprovecha cualquier excusa para tocarte el pelo. Cuando te mira fijamente a los ojos mientras le hablas. Cuando te coge de la mano para salir de un bar abarrotado. Cuando sobran las palabras. Cuando sientes escalofríos cada vez que te toca.

Cuando el caminar a su lado es suficiente y no hay que rellenar cada silencio con palabras. Cuando cada canción que escuchas te recuerda a un momento vivido juntos, o te hace soñar con él. Cuando os acercáis a la barra a pedir y él se apoya manteniéndose detrás de ti rodeándote con un brazo a cada lado y te habla al oído.

Cuando te tiembla el pulso al ver que se conecta. Cuando se preocupa por ti, por qué vas a hacer esta noche y por si luego os vais a ver. Cuando según entras en el bar deja todo para venir a saludarte. Cuando los dos besos del saludo se acercan peligrosamente a los labios. Cuando una sonrisa tuya le infunde ánimos para continuar.

Cuando pasáis la noche riendo y suspirando. Cuando desde lejos no paráis de echaros miraditas, y juntos cada vez habláis más cerca. Cuando acabáis en un rincón del bar absortos en una larga conversación. Cuando no hay más sillas y él te ofrece su pierna como asiento. Cuando de madrugada, ya cansada, acabas apoyando tu cabeza en su hombro.

Cuando te rodea la cintura con el brazo. Cuando se entretiene en hacer dibujos en tu espalda con el dedo. Cuando disimuladamente te va abrazando con más y más fuerza. Cuando de pronto te hace cosquillas y espera que reacciones dándote la vuelta. Cuando aprovecha el momento para seguir haciéndote rabiar y acercarse un poco más.

Cuando tras una mirada el resto ocurre a cámara lenta. Él recorre una vez más tu espalda con el dedo provocándote un escalofrío. Te atrae hacia él, y tú agachas lentamente la cabeza de manera que vuestros ojos queden a la misma altura. Le haces una pregunta estúpida, típico ¿te peso mucho?, probablemente por los nervios. Te sonríe.

El resto estará siempre algo borroso. Él dijo, tú te reíste, él se acercó, tú sonreíste, él te acarició la mejilla, tú suspiraste, cerrasteis los ojos y os dejasteis llevar por fin por el más secreto de los deseos, ese que todos vuestros amigos ya conocían porque no habéis parado de darles la paliza sobre ello desde que os conocisteis…

Desde entonces cada perdida, cada llamada, cada mensaje será especial. Cada café, cada cine, cada paseo será mágico. Cada noche, cada caricia, cada beso será único. Y su voz y sus miradas se te grabarán en la mente. Cada cita, cada plan de tarde juntos te hará pasarte dos horas preparándote para estar perfecta.

Con el tiempo os iréis sintiendo cada vez más cómodos en compañía del otro. Tendréis vuestros chistes propios y cogeréis confianza. Un día por el casco algún chulito se pasará de listo, pero él estará ahí para protegerte. Otro día te llevará a un lugar apartado y te sentará sobre su regazo para ver juntos un atardecer, y más tarde las estrellas.

Y te susurrará palabras preciosas al oído, te dedicará cada canción bonita que te guste, te regalará una rosa en un día cualquiera, sólo porque sí, para agradecerte lo feliz que se siente cuando está a tu lado. Y te abrazará como si fueses el único tesoro en el mundo. Y te cuidará como si fueses la más frágil de las flores.

Y cierto día, de repente, sin motivo aparente alguno se mostrará distante contigo. No te besará apasionadamente en cuanto llegues ni te abrazará fuerte hasta que te sienta tan cerca que no se sepa dónde empiezas tú y acaba él. Simplemente te verá llegar y agachará la cabeza serio y pensativo. Con el corazón en un puño le preguntarás que qué le pasa.

Y te responderá, tomándote de la mano y mirándote fijamente a los ojos, con los suyos más brillantes que nunca, que hace ya varios días que le da vueltas a una pregunta, a algo que llevaba queriendo decirte desde casi la primera vez que te vio sonreír: “Ahora que te conozco mejor ya puedo afirmar que tú eres la persona perfecta para mí y que te quiero”.

Y en ese mismo instante se desvanecerán todos tus miedos, se disiparán todas tus dudas, las mariposas del estómago se te revolucionarán como nunca y te arrojarás a su cuello apretándole con fuerza y susurrándole al oído mientras enredas tus manos en su pelo que llevabas siglos soñando con ese preciso instante…

lunes, 30 de marzo de 2009

Las mujeres y la regla.

Las chicas… hormonamos con la regla. Es un hecho reconocido ante notario. Lo que no es cierto es el tópico ese que circula por ahí de que nos ponemos de mala leche. A mí personalmente, la mala ostia me entra antes. A escasos días de que se produzca ese fenómeno llamado período mejor que se me deje tranquilita, no me pregunten por qué.

Pero una vez que llega… todo parece cambiar. Nos volvemos hiperactivas, nos da por ordenar la habitación, el armario, los cajones, por hacer una criba de las chorradicas que tenemos en la encimera, hacemos un repaso de todo el mes, de lo que ha ido bien, lo que ha ido mal, lo que nos gustaría haber hecho en momentos concretos y lo que nos queda por hacer, todo… Y suspiramos más que de costumbre.

Nos ponemos cariñosas, quedamos más con las amigas para cotillear, las agarramos del brazo, arreglamos el cuello de la camisa a los amigos, nos interesamos por su vida, por cada detalle, actuamos con los niños en plan aún más maternal, nos armamos de paciencia… Y tenemos la lagrimilla fácil, andamos como a falta de cariño. Nos da por dar besos a todo el mundo, nos encanta que nos abracen, vemos la vida de color de rosa y nos maquillamos aunque sea para dar una vuelta por el barrio…

Aunque bueno, tampoco generalicemos. Eso es lo que me pasa a mí, pero estoy segura de que muchas otras chicas se sienten identificadas. Es como si viésemos la realidad desde otra perspectiva. Nos preocupamos más por los problemas, nos alegramos más por los logros de nuestros amigos… exteriorizamos muchísimo más las emociones.

Como veis, la regla tiene sus cosas buenas, una vez que los ovarios dejan de tocarte los… ovarios.

(=

lunes, 2 de marzo de 2009

Al fondo a la derecha

Changes… ¡Cómo ha cambiado mi vida en poco tiempo! Antes me quejaba de lo aburrida que era, de que sólo hacía lo que suele hacer una chica normal, y también de que me ocurría sólo lo que a una chica normal.

Apenas distinguía conceptos como fantasía y realidad, o soñar despierta y dormida. Y ahora… ¡cuán claros los tengo! Sueño y fantaseo como vía de escape a todo lo que me ha caído encima. Pero cuando la situación lo requiere (que es las más de las veces) bajo los pies a la tierra y me enfrento a lo que venga.

Pocos momentos tengo para evadirme, y éste es uno de ellos, aunque no sea fácil, a veces, separar los sueños de las metas, o los deseos de las ambiciones. Ni siquiera pensando lógica y racionalmente nuestra cabeza hace la distinción, porque a veces es más fácil soñar. Pese a todo, me alegro de ser capaz de tener estos momentos. Y, para qué engañarnos, me alegro también de saber que quien me hace tenerlos se alegra, a su vez.

Bonito círculo el que se ha creado. Ahora tú, ahora yo, sin obligaciones y sin rencores, pues esto que ocurre compensa aquél tiempo envuelto en negrura. Sólo dejando los dedos circular libremente sobre el teclado, como marionetas manejadas no por la conciencia, o la consciencia, sino por la imaginación y el corazón, dejando salir todo lo que hay dentro, o casi todo.

Es la magia de una esfera que va girando, como la tierra, en la que dos ríos, como vidas, fluyen paralelamente sin cruzarse. Algún día se desviarán sus cauces para ir a parar juntos a una terraza. Pero aún falta para eso. De momento, paralelamente, aquí estamos.

Hay una frase que te ayudará en todas las peripecias que emprendas, una frase que te regalo a cambio de que no dejes nunca que el círculo se pare: “Quand on veut, on peut” que viene a significar que “Si quieres, puedes”. Y con esto en mente no habrá nada que te detenga.