No sé qué tendrá el viajar de noche, pero me encanta. En un día duro como el de hoy, de doce horas y doce minutos de instituto, de alarma a las 5h30, 5 clases y 3 reuniones... no sé qué tendrá la vuelta a casa de noche pero me encanta.
Vuelvo con la perspectiva de un entrenamiento, y con la sorpresa de que has pasado el día rondando mis pensamientos. Espectador pasivo, paseando distraído entre las ideas que se me agolpan en el cerebro. Preguntas tipo... ¿sabrá cantar? ¿Tararear, al menos? Todo esto, entre papeleo, correcciones y ridículas evaluaciones con decimales.
No sé qué ha tenido el día de hoy, o qué detalle ha desatado el click en mi cabeza, pero en la durilla jornada de hoy has estado a mi lado.
Y ahora que voy sentada en el bus, que cuando miro hacia afuera apenas veo a un metro de mi ventana, que la lluvia difumina las luces de los coches que vienen de frente... de repente echo de menos tu voz.
Seguiré, poquito a poco, tranquilamente, con la ardua tarea de ser adulta, despacito y buena letra. Y, de vez en cuando, en los rincones, echaré la vista atrás por si algún día quisieras volver.
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martes, 22 de noviembre de 2016
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