Esta mañana me ha costado levantarme, es que a mí eso de dormir poco… Pero me he puesto la camisa nueva y los zapatos de tacón, me he pintado un poco la raya y he pasado de dominar los rizos. He salido de casa, y en la puerta del portal he ensayado una sonrisa. La situación me ha divertido tanto que al salir a la calle aún la llevaba puesta. Un niño me la ha devuelto. El día no podía empezar mejor.
He perdido el autobús pero bueno, entra dentro de lo común. He ido dando un paseo rápido hasta la parada de Wellington. Me he encontrado con una amiga a la que hacía mil que no veía. Pobre, estaba de exámenes, vaya carita que traía… He seguido adelante y me he sentado en la parada. Por la acera de enfrente iba un señor todo ufano con su boina nueva... ¡Maldito golpe de aire que se la ha tirado para atrás! Vaya carrera le ha hecho dar.
Y qué majo el señor del registro civil, ¡cómo me ha colado! Menos mal, porque si no… adiós England. El del banco no ha sido tan amable, yo creo que estaba cansado. Me he vuelto a cruzar con el mismo chico del registro. ¿Y la cola que había enfrente del torero? Paso, la tarjeta ya me la haré mañana. De momento, con haber cambiado la foto del DNI me basta y me sobra. ¡Por fin podré enseñarlo sin vergüenza!
Y luego he estado en el piso nuevo, es precioso, sencillo pero bonito. Y el color de mi cuarto es genial, ¡divino! Me encanta. He llegado a casa muertita por los tacones, pero contenta. He comido tranquilamente, y aunque haya visto en el tuenti fotos que no quería ver, me da igual. Estoy siguiendo mi plan a rajatabla, y pronto lo habré olvidado todo.
¡Hasta los acordes de mi guitarra suenan alegres! Y eso que me he limitado a improvisar, parece buena señal. ¡Y esta tarde más y mejor! Entre el perfume que desprende mi bolso y la perspectiva del viernes, todo marcha bien. Menos el hecho de que hayan quitado ese quiosco...
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