martes, 22 de febrero de 2011

Un año más.

Llámalo inspiración, o ganas, o simplemente costumbre. Aquí estamos otra vez, el mismo día, un año más. Y ha sido un año movidito, porque volviéndo la vista hacia anteriores entradas los textos brillan por su ausencia. Qué te voy a decir, a más años, menos tiempo.
La vida sigue su curso, cada uno por su carril, despacito y con cuidado o cerrando fuerte los ojos y dejándose llevar. Y en cada camino nos acompañan personas, oportunidades, sucesos distintos y de ninguna manera convergentes.
Y es que cuantos más años, más golpes, más experiencia y más aprender de los errores, más innovar, y más dejar las cosas del pasado intactas. Por aquello de recordar. Y de los miles de recuerdos, siempre hay alguno que de recordarlo se acaba comprendiendo.
Que cuando cae el telón, cae también la máscara. Caen los rizos a lo largo de la espalda, y se cae en la cuenta de los varios errores cometidos. Se cae de bruces, pero uno se levanta y todo sigue su curso, un año más.
Con razón se me advertía de que todo era en vano, de que no valía la pena seguir insistiendo en alguien que no existía. La curiosidad mató al gato, y yo me he cansado de intentar. Aunque soy buena persona y perdono esos cinco pavos.
Pero quería que fuese quedando constancia de mis pinitos hacia la madurez, quiero poder leer estas palabras cada año y aprender un poquito más de mí misma, de la vida, de lo que soy capaz y de lo que no.
Para todo lo demás, feliz cumpleaños.

1 comentario:

Buonarotti dijo...

aún sonrío al recordar aquella tarde que pasamos en Zaragoza. Tienes un mensaje.

Y muchas gracias.