Curioso fenómeno el que provocan ciertas fechas. Una vez al año, se alinean un mes y un día señalados y así, sin avisar, aflora un suspiro.
En ese instante, la mente empieza a divagar en un mar de recuerdos cada vez más borrosos, apilados, arrinconados en el fondo de la estantería de la memoria, mezclados, semi ocultos tras un sinfín de nuevas experiencias; esperando su momento, su hora.
Por fin, un martes cualquiera, llega la fecha mágica en la que se visten con sus mejores galas y desfilan por la mente derechos, henchidos, con el regocijo asomando por todos los poros como pequeños soldaditos de hierro que vuelven a casa tras una dura batalla.
Y es en ese preciso instante cuando el engranaje de sus pequeños pasos abre las puertas de la memoria de par en par y se escapa una sonrisa fugaz, serena, sincera.
Curioso fenómeno que sólo ocurre una vez al año y que, como la apertura de una flor, es un bonito momento breve y sentido. Es el regalo más preciado que podía hacerte: un poquito de mi tiempo para ti y sólo para ti.
Para que mi luz siga acompañándote.

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