Ella sabía que tarde o temprano esto iba a pasar. Lo sabía, y me lo dijo. Esa sensación de verle allí acompañando, absorto hasta tal punto de hacerle vacío… Una y mil veces se había preparado para aquella ocasión, pero aún así fue duro. Ni las típicas excusas podían justificar su cara de angustia. Después de todo, sí, quizás era verdad que sobraba. Y se fue.
Poco a poco, a lo largo del camino, empezó a ser consciente de que lo que se llevaba temiendo tanto tiempo cobraba más y más sentido. Tenía el corazón de hielo, un corazón helado. Ya jamás sentiría como antes. Ya no quería, nunca quiso y jamás podrá. De nuevo esa maldita coraza se había cerrado en banda. Y era duro…
El amor no estaba hecho para ella. Demasiados sentimentalismos, demasiadas veces se le había cerrado la boca del estómago como si le hubiesen pegado una patada, no estaba dispuesta a soportar nada más. De repente el término femme fatale le parecía hermoso… Y dolía, sí, dolía demasiado.
Y al llegar a casa, harta de todo, decidió que ya nada le afectaría jamás, que actuaría según le apeteciese sin pensar en consecuencias, que se iba a ganar a pulso que la llamaran egoísta… E intentó comer algo, para ver si la comida le hacía pasar ese nudo que se le había formado en la garganta y le impedía derramar amargas lágrimas…

1 comentario:
a veces en los caminos hay baches algunos mas grnades que otros pero... todo se puede superar
Publicar un comentario