Son grupos como Noir Désir los que fabrican melodías que se sincronizan, se entrelazan, como sentimientos encontrados que a veces se permite una dejar aflorar por un momento.
Han pasado mil años y se resume todo en dos segundos, la breve pausa entre dos frases, una sonrisa, una anécdota, una mirada de soslayo. Es reconfortante, como cuando te pierdes y te hallas de pronto en medio de un claro de bosque; despejado, protegido, y arropado por el murmullo de las ramas que acunan sus hojas al viento. Y no hace frío, y ya no llueve. Cae la máscara y sale el sol.
Como cuando dos ríos se desbordan y sus cauces, por un breve lapso de tiempo, entran en contacto el uno con el otro. Apenas una metáfora. Ni se mezclan sus aguas ni los peces se confunden de camino. Se abre la puerta de la calle, y el frío invernal hace bajar el caudal: cada uno discurre de nuevo por su sendero... Un laberinto de callejuelas reconducen mis pensamientos.
Esta mañana, estaba yo en el parque tranquilamente tirándole piñas a Gus cuando se me ha acercado un chaval. En su cara se veía que tenía algún tipo de discapacidad.
-¡Hola! ¿Te gustan los perros? A mí también.
-Ah, ¿sí? ¿Los grandes o los pequeños?
-Los pequeños... ¿quieres hablar conmigo de algo?
-¡Claro! ¿De qué quieres hablar?
-Pues... no lo sé, ¡de lo que tú quieras!
-Vale, ¿de perros? ¿Tienes uno?
-¡Sí! Es blanco y negro, ¿cómo te llamas? Yo me llamo Dani.
-Yo me llamo Lidia, encantada. (Me da la mano)
-¡Dame dos besos! (Me los da, vuelve a cogerme la mano) ¿Me das la mano?
-Claro, Dani, pero tengo que ir a donde está el perro para que no retoce en la nieve, porque tiene una herida y se puede hacer daño.
-¡Vale! Bueno... ¡hasta luego!
Y se ha ido. Tal y como ha llegado, ha desaparecido. Ha sido un momento curioso, como tantos otros que me están ocurriendo últimamente y que ésta apretada agenda de adulta no me deja tiempo de relatar.
Termino ya esta entrada, tengo que seguir preparando mi clase... ¡gracias!
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)

No hay comentarios:
Publicar un comentario