domingo, 16 de agosto de 2015

El despertar

Estoy aquí. Cuánto tiempo ha pasado, ¿mucho?, ¿poco? Comparado con el camino ya recorrido, apenas es nada. Sin embargo, cuánto hemos cambiado...
Qué difícil se me hace, ¡qué raro es esto! Tantas cosas que decir y mis manos sólo tiemblan. Apuesto a que, de algún modo, me entiendes. Me ha costado mucho encontrarte, encontrarme...
Como quien despierta de un sueño letargo, como quien oye un gallo cantar. Como una flor en el camino, un mensaje en una botella, un lago escondido. Como un saludo por la radio, o un banco en la estación de tren. Como un volcán que despierta, un río que rebosa o saltar al vacío desde un puente.
Como soplar un abuelillo.
Como meter un triple e iniciar la remontada. Como escalar una montaña, o meter un ladrillo caliente en la cama del pueblo en invierno. Como un regalo de cumpleaños, una visita inesperada, un bebé que cierre su puñito alrededor de tu meñique. Como la ilusión de los primos pequeños. Como la magia de una queimada, o del primer beso. Como lo sobrecogedoramente bello del Acrópolis, o la fuerza de un mar embravecido. Como la emoción de una canción bien escogida.
Como un dragón que despertara.
Así me siento.
Que jamás te falte el aire y la felicidad te sacie, y ojalá tropieces una y mil veces, pues de los errores nacen cosas hermosas como ésta. Aquí seguimos, contra todo pronóstico. Jamás pensé que lo fuera a necesitar. Yo, que me las daba de independiente... Maldita sea. Nunca creí que lo que empezó siendo un juego de niños trascendiera de tal manera y magnitud.
A partir de ahora, soy nueva en esto. Ayúdame a forjar el camino.
Y que mi luz te  acompañe...

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