domingo, 4 de enero de 2009

Relato (5º parte)

Los días pasaban, y mientras parte de ella se moría por bajar a verle, la otra parte sabía que mientras ese sentimiento tan fuerte no se redujese un poco sus piernas nunca le serían fieles; probablemente tropezaría en las escaleras de puros nervios. Bajaba cada noche a altas horas de la madrugada a cumplir con sus tareas en el bar, pero nunca coincidían. Él los emborrachaba y subía, ella bajaba y los echaba. Y así un día y otro día, durante una o dos semanas. Y por fin se decidió, cubrió su cuerpo y su cabeza con la túnica y bajó sigilosamente las escaleras. Cual no fue su sorpresa al encontrarse al posadero detrás de la barra. No había mucha gente en la taberna, por lo que se arriesgó y entró en el salón. Al posadero no pareció gustarle la idea de que los borrachos viesen a una mujer en la habitación, pues no quería que sus instintos masculinos la molestasen, pero los clientes a duras penas podían distinguirla entre las sombras. Estaban demasiado entretenidos jugándose los cuartos al póker, al mus o a los dados.

Nerviosa, se acercó a la barra y no sabiendo que decir, calló. Pero algo debió ver el posadero en sus ojos cuando, sin decirle nada, le pidió que le siguiera y le mostró en la cocina una bandeja con un poco de caldo y algo de pan. Le pidió que se la subiese al camarero que estaba en la cama con fiebre muy alta. Accedió gustosamente, sostuvo la bandeja entre sus manos durante unos segundos para comprobar que los nervios no la traicionarían y subió de nuevo la escalera. Llamó suavemente a la puerta y esperó, pero no obtuvo respuesta alguna. Probó un poco más fuerte y nada. Pensó que tal vez el chico estuviese dormido, por lo que abrió sigilosamente la puerta y entró muy despacio. El joven estaba tumbado en la cama y su pecho, tapado a medias con las sábanas, subía y bajaba acompasadamente. Ella, sin hacer ruido, dejó la bandeja encima de la mesita de noche y se acercó a contemplarlo.

Su rostro era hermoso, y sus mandíbulas desarrolladas le aportaban una angulosidad perfecta. Tenía el pelo oscuro y algo alborotado de pasar el día en la cama. Su nariz parecía tallada a la medida, y sus labios sonrieron cuando ella le puso una mano en el hombro. Incluso sin haber visto nunca sus ojos ella podía imaginar la expresión llena de misterio de su mirada. No despertó con el contacto de su mano, ni cuando recorrió su torso con el dedo dibujando cada uno de los músculos que se le marcaban al respirar. Tampoco cuando le peinó le cabello con la palma de la mano, ni cuando acarició su rostro con el dorso, pero respiró agitadamente cuando sintió su aliento tan cerca de su boca. Segundos antes de abrir los ojos ella ya estaba fuera. Y ya no pudo pensar en otra cosa que no fuese aquella sombra de un ángel que le había llevado la comida hasta su cuarto y había salido precipitadamente antes de que él se pudiese siquiera bañar con la luz de su mirada.

Continuará...

4 comentarios:

Unknown dijo...

mola!! Esperare impaciente la 6 parte ¿se conoceran al fin? jeje

Anónimo dijo...

veo que sigues siendo palabra, y que le eres fiel al sentimiento y la verdad. Nada mas decir que entre las sombras sigo, interesándome por vos.

En mis brazos, tu olor
En tu boca, el viento
En mis manos calor, y en las tuyas lamento
En tus ojos dolor y en mi pecho tu aliento.
En mi vida tu amor
Y en la tuya silencio
En mi muerte tus lagrimas
Y en mi tumba tu cuerpo.

Anónimo dijo...

Bueno es saberlo, tal vez un día se conozcan... Y ese anónimo ¿es? Es que dudo entre dos personas.

Anónimo dijo...

DOMINGO, OCTUBRE 22, 2006