viernes, 9 de enero de 2009

Relato (6º parte)

Pronto, el joven estuvo curado y volvió a hacerse cargo del bar. Pero en las largas noches que pasaba sólo ahí abajo, y sobre todo cuando los clientes se ponían demasiado ebrios como para darle conversación, su mente se dejaba llevar por los recuerdos de aquella noche. Ansiaba tanto volver a verla que fue a hablar con el posadero. Para su gran asombro, éste negó haber visto jamás a una chica en la taberna. Negándose a aceptar que todo había sido un sueño, el joven acabó su turno y subió a tumbarse en la cama. Cerró fuertemente los ojos y agudizó el oído esperando oír algo que le diese la razón, que lo guiase hasta aquella fantasía. Pero fue en vano, pues no bien había cerrado él la puerta ella ya había abierto la suya y bajaba corriendo las escaleras con la esperanza de encontrarlo aún tras la barra.

Tras una serie de malditas casualidades como esa, por fin una noche ella salió de su habitación antes de lo normal y, aunque había recuperado la costumbre de salir a pasear, en lugar de eso bajó a la salita contigua al bar y buscó la barra desde una rendija en la puerta. Y allí estaba él. Ahora lo veía sirviendo unas copas, luego invitando a los más asiduos a un chupito, después mezclando una cerveza con limón… Y de vez en cuando lo veía acurrucarse en una silla detrás de la barra y fumarse un cigarro dejando que el humo lo envolviese en el más profundo de sus anhelos, que la música lo llevase a través del mundo de la magia… y una vez allí la veía a ella, pero la imagen estaba tan borrosa y distorsionada que cuando despertaba no podía sentir sino un ferviente deseo de buscarla. Desde la puerta no se veía todo el local, así que a veces ella perdía el contacto visual con el punto de mira. Por eso, al día siguiente decidió arriesgarse y abrir un poco la puerta. Como siempre solía estar cerrada, el joven enseguida se percató de que algo pasaba allí adentro, y con el corazón dando saltos dentro del pecho se acercó corriendo y la abrió de par en par. Ruido de pisadas a la carrera y el frufrú de una túnica, nada más.

Continuará...

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