Sucedió en octubre, en una de aquellas magníficas tarde noches de verano con las que se dignó obsequiarnos el frío señor invierno antes de dejarse caer por Vitoria. Hacia las nueve de la tarde, o algo así, recuerdo que volvía a casa sumida en mis pensamientos. Caminaba como siempre sorteando a los transeúntes y rápido, pero sin prisa. Iba por la calle de detrás de mi casa. Es una calle estrecha que limita por un lado con mi edificio y por el otro con un gran jardín, algo seco en aquél momento ya que aún no habían caído aquellas lluvias torrenciales que tanta lata darían escasos meses después.
No suele ser una calle muy frecuentada porque es pequeña, pero aquél día víspera de fin de semana la gente se arremolinaba en torno a la terraza del bar situado en una de sus entradas. Las mesas estaban llenas de gente disfrutando de la agradable temperatura y bañándose con los últimos rayos de sol que, aunque débiles, se hacían notar. Y yo, empapándome como el resto del mundo de aquella cérea luz natural, me dirigía hacia el otro extremo, ese que da al parque que ha sido testigo de tantos momentos bonitos de mi infancia. La gente iba y venía, discutía despreocupadamente sobre el último partido de fútbol o charlaba de cosas banales riéndo a carcajadas. Y yo, ajena a sus conversaciones, avanzaba con la mirada perdida entre las rayas de las baldosas. Pensaba en el día que había tenido, imaginaba el de mañana, reflexionaba sobre posibles errores cometidos hasta la fecha y sobre la manera más eficaz y correcta de subsanarlos... En resumen, me iba 'comiendo el tarro'. Ya estaba muy cerca del parque cuando (y ahora viene la parte más difícil de explicar).
A mi izquierda el jardín y a mi derecha el edificio, en frente el parque y doblando la esquina el camino hacia mi casa. Tres metros antes de la esquina el edificio está como metido hacia dentro, cosa de metro y medio, y forma otra esquina. Digamos que es como si esa fachada del edificio tuviese forma de U. Y allí fue, en esa esquina, donde sucedió. Un sueño, una ilusión... ¡Quién sabe! Jamás había visto algo tan hermoso. Seguramente no pasaron más de cinco segundos desde que la vi hasta que dejé de verla, pero aquella imagen se grabó en mi mente para siempre. Una niña, una criatura extraordinaria estaba allí, de pie, esperando. Tal vez a su padre o a su madre, no lo sé. Llevaba puesto un vestidito rojo con estampados otoñales, una pamela escarlata graciosamente ladeada en la cabeza y unas merceditas a juego. Trenzas doradas perfilaban su cara, y sus manos asían firmemente los extremos de tres sendas correas que sujetaban a un cocker, a un galgo y a un rottweiler enorme.
A su derecha, el galgo estaba tumbado, pensativo, descansando. Al principio parecía no mostrar ningún interés por la chiquilla, pero alzaba enseguida la cabeza, inteligente, cada vez que alguien pasaba por su lado. El rottweiler custodiaba aquel tesoro desde la izquierda. Estaba sentado, erguido orgullosamente, y pasaba la vista de un lado al otro, nervioso. Iba sin bozal, y cuando gruñó al acercarse un viejo más de lo debido y dejó entrever sus enormes colmillos blancos tuve miedo de que un día pudiese atacar a la niña. Pero bastó con que ella le pasase una mano por la cabeza para tranquilizarlo. Incluso sentado, el perrazo era mucho más corpulento que ella. El cocker, delante, la miraba juguetón, animándola de vez en cuando con alguna carantoña a la que la niña correspondía con una sonrisa.
Y fue después de verla sonreír cuando miré al cielo, absorta, intentando encontrar el agujero por donde se había escapado aquel ángel. No cabía duda de que la niña, traviesa, se había fugado en un desesperado intento de llamar la atención de aquellos que, tan ocupados con su trabajo, no tienen tiempo de jugar con ella. Eso explicaba por qué el sol aún no se había ido a dormir: ¡tenía que alumbrar bien la Tierra para encontrar a aquella diablilla! Seguramente mandaron a los perros a buscarla, y ahora ellos la estaban cuidando hasta que otro ángel bajase a recogerla. A punto estaba de perder el contacto visual con la escena cuando la niña se giró de golpe y me miró. Y su mirada era tan limpia, tan clara, tan inocente y sincera, tan perfecta que el tiempo se congeló.
Lo siguiente está algo borroso. Sé que de repente me encontré con un vecino que me sujetaba amablemente la puerta para que entrase al portal. Algo extraño debió notar, pues me preguntó si me encontraba bien. Después recuerdo que oí a lo lejos la voz de mi madre diciéndome que estaba muy pálida, que me acostase un rato. Obediente, aún no me había metido en la cama y ya estaba soñando. Soñé con una enorme pirámide dorada que brillaba tanto que no dejaba distinguir quién era la persona que estaba llamándome desde la cima. Luego esa imagen se transformó en un laberinto muy oscuro hecho de arbustos, con muchas hormiguitas por el suelo que yo no podía ver pero que sí oía trabajar: ¡Ayúdame a coger hojitas! _ me pedía una de ellas...
Me desperté bien entrada la noche. Lo último que recuerdo es que corrí escaleras abajo y derrapé en cada curva hasta llegar a la esquina. La calle estaba desierta y no había rastro alguno que me demostrase que lo que había sucedido era real, que no lo había soñado. De pronto se levantó el viento y su ulular me envolvió en una sensación que no puedo describir con palabras. Oí de fondo la risa de una niña jugando con su padre, con su madre, con sus hermanos y amigos, con todo el mundo. Esa risa infantil me perforó los tímpanos al mismo tiempo que vaciaba mi cabeza de todo pensamiento negativo. Una vez más dirigí la mirada al cielo y esperé. Esperé y desesperé hasta que una nube se movió y la luna brilló un instante. Entonces todo pasó muy rápido: entrecerrando los ojos, apenas pude distinguir a la niña que, flanqueada siempre por los perros, me miraba desde arriba. Y después de disfrutar del eterno segundo que duró su última sonrisa y antes de que mi ángel se esfumase para siempre entre las nubes suspiré y, surcadas mis mejillas de dulces lágrimas de cocodrilo... sonreí yo también.
PD--> [ * Los ángeles existen, pero cuando no tienen alas los llamamos amigos. * ]
12 mayo 2007

1 comentario:
Fuese um sueño o no paso y es lo ke importa jeje mola
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