miércoles, 24 de septiembre de 2008

¡Vaya día!

Hoy no ha sido mi día. Para nada. Ayer me quedé con todas las ganas de quedarme bailando de fiesta pero me tuve que ir a las doce en punto. Ni Cenicienta. Después de dar vueltas y más vueltas en la cama, por fin logré dormirme (tras acabar los tres capítulos que me quedaban del libro, obviamente). Esta mañana el despertador ha sonado a las ocho. Con los ojos cerrados y automáticamente he retirado el edredón, he subido la persiana, corrido la cortina, abierto la ventana y sacado el brazo para ver qué tiempo hacía. Al llegar al baño para despertarme con una buena ducha ya se me había olvidado si hacía frío o calor...

Antes de que acabase el desayuno mi madre ya me estaba metiendo prisa, así que lo he dejado a medias y me he puesto ese jersey de borreguillo que tan loquita me tiene. Me he metido un fular en el bolso: veía muy negra la mañana. Al llegar a Txagorritxu, rutina: sala de espera, toma de tensión, sala de espera, papeleo… mucho ruido y pocas nueces, así que lo gordo está aún por llegar. Al salir hacía frío, mucho frío, por eso no entiendo cómo todo el mundo iba en manga corta. Me he puesto el fular. Al llegar a casa he perdido el tiempo seleccionando unas fotos para… ¡mierda! ¡No puedo decirlo! Supongo que alguien ya se habrá dado por aludido, ¡jaja!

Tras enviar las fotos vía email he salido de nuevo a la calle, molesta por haber olvidado el descolgar la ropa del tendero para poner a secar otra nueva, y lo ha hecho mi madre. No es justo. He cogido el autobús porque mis piernas no respondían. Tenía frío. Al llegar al trabajo de mi padre me ha tocado saludar a todo el mundo. Tras imprimir, discutir sobre asignaturas y planos del nuevo piso, mi padre me ha abierto la puerta que más cerca queda de mi casa. Menos mal, porque no hubiera soportado tener que dar toda la vuelta al edificio. A medio camino me he acordado de la reunión de esta tarde y del poco tiempo que eso me daba para comprar, así que con las tripas rugiendo de hambre he entrado al primer supermercado abierto y he recorrido los pasillos llenando el carro con lo que sabía que luego me iba a pesar…

Tras el paseíllo por los corredores y cuando ya pensé que era suficiente, aún tocaba pasar por el numerito en caja. Las he visto rancias, muy rancias, y luego… a ella. Si tuviese un poquito menos de sangre empezaría a pensar que era una vampira, ¡joder! (Fijo que era celíaca…) Pero ahí no acabó lo peor: la lechuga no me entraba, el bolso abierto se me resbalaba todo el rato hacia un lado y en el momento crítico de equilibrismo la muy p*** me tiende el ticket con un boli. Que firme, dice. Así que con todo el aplomo del mundo he dejado caer de las manos todo para que la muy cerd* me deje el papelito entre todo el revoltijo, ¡y encuentra después el boli! Si es que cuando algo no da más de sí…

Al final un chico negro que me seguía en la fila ha tenido que guardar mi cesta y meter la puñet*** lechuga en una bolsa y colgármela del dedo meñique para evitar que cometiese ninguna locura. Le he dado las gracias, con la carpeta en la boca, pero mi infinito agradecimiento quedó fijo plasmado en mi mirada. Y cuando por fin conseguí salir del supermercado… El autobús sale de la parada. Y ahí fue cuando me cagué en toda mi ****. He esperado al siguiente con dos onzas de chocolate milka derritiéndose entre mis dedos.

Después de lo que pareció un siglo, lo mejor es que en caliente como estaba pasa un señor mirándome fijamente, con una medio sonrisilla burlona. Al llegar a mi altura a aminorado un poco el paso y ha cambiado la expresión como diciendo: ¿está bueno? o ¿me das? Y yo antes de que dijese nada que pusiera en peligro su existencia le he sacado la lengua. Y el tío, que parecía que se lo esperaba, se ha echado a reír en una risa contagiosa que le he agradecido. Acto seguido el autobús apareció. Cuando miré a la derecha para verle marchar, el señor ya no estaba.

Y me voy a saltar la parte de las viejas en el autobús porque eso merece un capítulo aparte, y ahora que me he calmado no vamos a volver a empezar…

19 septiembre 2008

No hay comentarios: